DAFNE
Frío.
Eso fue lo primero que sentí — no solo en mi piel, sino dentro de mí.
El tipo de frío que se hunde en los huesos y hace que el latido de tu corazón suene como un trueno en tus oídos.
Cuando abrí los ojos, ya no estaba en el bosque.
El suelo bajo mí era de cristal — liso, negro, y ondulante como el agua. El cielo arriba era un crepúsculo sin fin, ni noche ni día. Cada aliento que tomaba salía en suaves nubes que brillaban con un tenue resplandor azul.
La voz de Atenea resonó déb