ELEONORA
La noche estaba cargada de un silencio extraño—demasiado quieto para ser reconfortante, demasiado pesado para poder respirar. El bosque detrás de la Manada de la Luna Roja temblaba bajo el peso de lo que habíamos hecho. Aún podía oír el grito de Dafne en mi cabeza—la forma en que desgarró el viento antes de desvanecerse en esa oscuridad maldita.
—Se ha ido —susurró Rebeca a mi lado, con la voz temblorosa aunque intentaba disimularlo—. Eleonora… esta vez cayó demasiado profundo.
—No sea