PUNTO DE VISTA DEL AUTOR
La noche estaba cargada de niebla, y la luna colgaba baja — surcada de sangre y temblorosa como un corazón herido. Cada sombra alrededor de la Manada de la Luna Roja latía con la furia de Jordán, y cada árbol se inclinaba bajo la tormenta de su poder.
Teo estaba junto a él, su lobo caminando inquieto dentro de su pecho.
—Jordán, hemos revisado la frontera norte dos veces —no hay rastro, ni olor— —dijo con voz ronca.
Los ojos de Jordán brillaron con un dorado violento