LEONORA
El momento en que Jordán entró en el reino, lo sentí.
La magia en el aire cambió — pesada, sofocante, deliciosa. El suelo bajo mis pies vibró cuando su poder chocó con la oscuridad. Incluso desde donde estaba, observando a través de la niebla carmesí, podía sentir su furia. Era hermosa. Pura. Casi divina.
Sonreí.
Por fin, el gran Alfa Jordán había venido arrastrándose directamente hacia mis manos.
A mi lado, la sonrisa de Cloé reflejaba la mía — afilada, peligrosa, llena de secreto