JORDÁN
Comenzó como un susurro — un leve tirón en el borde de mi mente.
Suave, incierto… pero inconfundible.
Ella.
Dafne.
Durante las dos últimas noches no había dormido. Los sanadores de la manada, los videntes, incluso la vieja bruja del bosque del este me habían dicho lo mismo:
—“Se ha ido, Alfa.”
Pero yo sabía que estaban equivocados.
Aún podía sentirla — esa chispa débil, enterrada bajo el peso de la oscuridad.
Ahora, de pie al borde del bosque, la sentí de nuevo. Era débil y temblo