JORDÁN
La noche se sentía más pesada de lo habitual. La Manada de la Luna Roja estaba en silencio, pero podía sentir el desasosiego bajo la calma: susurros, sospecha y miedo. Todos sabían lo que había pasado. Todos sabían que Dafne había desaparecido.
Me quedé junto a la ventana de mi oficina, mi reflejo mirándome a través de la luz de la luna. La marca en mi pecho ardía —no una herida física, sino un tirón profundo dentro de mí. El vínculo. Gritaba su nombre a cada segundo.
Dafne.
Cada al