PERSPECTIVA DEL AUTOR
La manada de la Luna Roja nunca había estado tan silenciosa.
La noche después de que cayó la luna de sangre, el propio aire parecía contener la respiración. Los lobos que antes aullaban al unísono ahora yacían inquietos en sus guaridas. El viento llevaba susurros — no palabras, sino fragmentos de miedo — que resonaban por el bosque como advertencias que nadie se atrevía a pronunciar.
Dentro de la cámara del consejo de la manada, los ancianos se habían reunido nuevamente.