DAFNÉ
Desperté con un grito que no era mío.
El sonido resonó en mi cráneo, vibrando a través de mis huesos. Mi pecho ardía como si alguien hubiera vertido fuego fundido dentro de mí. Jadeé buscando aire, llevándome una mano al corazón: latía demasiado rápido, demasiado fuerte… y no solo el mío. Había otro pulso mezclado con el mío.
El de Jordán.
—Jordán —susurré, con la voz ronca.
Las velas de mi habitación parpadearon con violencia y luego se extinguieron, dejándome en una oscuridad asf