DAFNE
Oscuridad.
Fue lo primero que vi, lo único que pude sentir. Me presionaba la piel como manos frías, envolviéndome, susurrándome cosas que no quería escuchar.
—¿Sola otra vez, pequeña loba?
La voz venía de todas partes. Suave, venenosa, familiar. Eleonora.
Temblé. Mi respiración salió en jadeos cortos. El suelo bajo mis pies se sentía como aire —cambiante, inestable— y me di cuenta de que estaba flotando en la nada. Solo… negro. Un negro interminable.
—¿Dónde estoy? —mi voz tembló, apenas