JORDÁN
Mis ojos se abrieron de golpe.
El aire frío entró en mis pulmones como fuego, y por un momento pensé que todavía estaba atrapado en aquella oscuridad infinita. Mi corazón latía con fuerza, mis garras medio extendidas, mis venas ardiendo.
Pero entonces lo sentí —su latido. El de Dafne.
Palpitaba dentro de mi pecho, débil pero constante, como si ella estuviera luchando desde algún lugar lejano.
Me incorporé rápidamente, con el sudor corriendo por mi rostro. Mi habitación estaba si