Orión
La ira de Elara era palpable, extendiéndose por los bordes de la habitación como humo. Sus manos, apretadas en puños a sus costados, se cerraban en las palmas mientras ella caminaba de un lado a otro ante mí.
"¿Por qué no puedes ser tú, Orión? ¿Por qué no eres tú, mi madre, quien me defiende?" Ella exigía, la voz se llenaba de frustración e incredulidad. Sus ojos, brillantes y fieros, parecían atravesar la fatiga y el miedo que se habían instalado en mi pecho. Me pasé la mano por la cara,