Su expresión se endurece. —¿Te están buscando?
—Sí —respondí.
—¿Por qué?
—Es una larga historia, pero creen que maté a alguien cercano a ellos.
—¿Y lo hiciste? —insistió.
—¡No, por supuesto que no! —dije con firmeza—. Jamás lo haría.
Me mira como si no me creyera, así que continúo…
—¿Tenemos un trato? —pregunto.
Me estudia como si intentara leer mi mente para descubrir la verdad. Permanece en silencio tanto tiempo que empiezo a preguntarme si ha cambiado de opinión.
Pero entonces, me sorprende