Elara
El jardín se sentía más vacío sin él, aunque aún podía percibir la presencia de Orión, persistente como una sombra inalcanzable.
Lo había visto alejarse, con los hombros tensos y la expresión indescifrable, pero el vínculo vibraba con una tensión que ya no podía ignorar. Me apretaba, insistente y cálido, un recordatorio constante de la atracción que temía y ansiaba.
Apreté los puños a los costados, forzando mi respiración a un ritmo, intentando conectar con la realidad. No podía confiar e