Elara
Despertar a la mañana siguiente fue más tumultuoso de lo que me hubiera gustado.
Todo empezó con esa maldita pesadilla recurrente.
Sin embargo, esta era muy diferente a las demás.
Orión era la estrella del espectáculo en esta ocasión...
Estaba mirando hacia un precipicio, con un vestido andrajoso y sangre salpicada por todo el cuerpo, y un cuchillo en el mío.
Los únicos pensamientos en mi cabeza eran los que me impulsaban a saltar.
Me negué, pero los susurros en mi cabeza solo se hicieron