Elara
Se suponía que este sería mi día.
Eso era todo lo que pedía… un día para descansar y no tener que luchar, matar, amenazar ni mutilar a nadie.
Un día sin violencia… y por simple que pareciera, ni siquiera pude lograrlo.
Despertar esa mañana con el dulce sonido del silencio reforzó esa creencia, pero, por desgracia, no duró mucho.
Lo primero que noté fue el dolor. Al intentar moverme, me di cuenta de que me dolía cada centímetro del cuerpo.
Sin embargo, el dolor no era insoportable. Era prof