Orión
La habitación se convirtió en una tormenta de movimiento y olor.
Me uní a ella: desgarrando, cortando, contraatacando.
Las chicas gritaron, su malicia se convirtió en terror mientras las atravesábamos con precisión sincronizada. Era como si supiéramos lo que hacía la otra incluso antes de que se moviera.
El metal chocaba contra el metal, la carne contra las garras, y a pesar de todo, me sentí viva de nuevo. El olor a sangre, el ardor del miedo, el calor de la adrenalina; todo me quemaba l