Orión
El aire era diferente esa noche: más denso, más cálido y cargado con el aroma a humo de leña de la chimenea. Después del caos del día: la lucha, la huida.
La adrenalina aún vibraba en mis venas; el silencio se sentía extraño, casi frágil, como si en cualquier momento fuera a estallar con nuevo vigor.
Cada sonido aún se oía con claridad nítida: el crepitar del fuego, el suave silbido del viento nocturno colándose por las rendijas de las paredes, incluso el suave susurro de Lysera moviéndos