Orión
“Lysera”, repetí.
Se giró hacia mí con una expresión extraña.
“Señor Viajero, ¿qué hace fuera tan tarde?”
Parpadeé.
Señor Viajero, ¿qué era esto? ¿Estaba fingiendo?
“¿Por qué?”, solté sin poder contenerme.
“¿Por qué qué?”, preguntó sin cambiar de expresión. Su tono era ligero.
“Lysera, vamos, sé que eres tú. Vine a buscarte y por fin lo he hecho”.
“Me salvaste una vez, sé que puedes salvarme de nuevo. No sé por qué te pones esa máscara, pero no pasa nada”, dije sonriendo.
Me miró fijament