Un día después…
Orión
Una cosa es estar acostumbrado a la riqueza y otra muy distinta verla exhibida con tanta extravagancia.
No sabía que Lucien y su familia fueran tan ricos hasta que entré en el Palacio Real.
Mientras caminábamos, los suelos brillaban como si nunca hubieran conocido la suciedad.
El oro se extendía bajo mis botas en losas lisas y pulidas, reflejando la luz de imponentes columnas que se elevaban tan alto que parecían desaparecer en el techo.
Cada rincón del lugar estaba impeca