Tuve que confiar en ella y esperar lo mejor.
—Ten cuidado —dije con un nudo en la garganta, odiando que tuviera que dejarnos.
Ruby sostuvo mi mirada; algo tácito se transmitió entre nosotras. —Siempre lo tengo.
Y así, sin más, se dio la vuelta y desapareció en la oscuridad.
El silencio que siguió se sintió más fuerte que cualquier otro anterior.
Exhalé lentamente, obligando a mi cuerpo a dar un paso tras otro. —Vámonos.
Freya asintió y continuamos, pero ahora era diferente.
La conciencia de que