Elara
Freya insistió en que esperáramos hasta que anocheciera antes de visitar a la bruja, diciendo que sería más seguro.
Tuve que aceptar, así que esperamos hasta que la noche se extendió lentamente.
Conforme oscurecía el día, también lo hacía el aire. Se sentía más pesado de lo normal, y no de esa forma densa y asfixiante que te oprime la piel, sino de esa que se instala silenciosamente en el pecho… como una advertencia que no puedes ignorar.
Cada respiración me pesaba, como si mi cuerpo ya s