Elara
En el instante en que entramos en casa de Orión, supe que no me quedaba mucho tiempo antes de que el silencio que envolvía a nuestro pequeño grupo estallara en llamas.
El silencio venía acompañado de una tensión que aumentaba con cada segundo que pasaba, y en cuanto la puerta se cerró tras nosotros… bueno, explotó en mil pedazos.
—¿Qué demonios fue eso, Elara? —La voz de Freya resonó en la habitación, cortante e implacable.
No respondí de inmediato. En lugar de eso, me adentré más en la c