Elara
Desperté con un sabor metálico en la lengua y el cuerpo palpitando como si hubiera pasado por una picadora de carne.
El techo se difuminaba, piedra pálida veteada de runas plateadas destinadas a aliviar la recuperación de un lobo.
Zumbaban débilmente, la magia atrapada en ellas resonaba por toda la habitación, pero ni siquiera la calma que se suponía que emanaba... podía sentirla.
Intenté ponerme de lado, pero me dolía el pecho con el movimiento; incluso respirar me costaba.
Pero el dolor