Helena se incorporó lentamente, aún con el calor de las sábanas en la piel.
La habitación estaba en silencio, y el espacio junto a ella en la cama se encontraba vacío.
Por un momento pensó que Nicolás se había ido temprano, quizás para evitar ser visto o por simple discreción, pero al abrir la puerta, se detuvo en seco.
La voz de su madre resonaba desde la cocina, animada. Y entre sus palabras, la risa de Nicolás.
Se acercó con pasos lentos, cuidando no hacer ruido. Desde el pasillo, lo