El día de la gala de Nicolás llegó en un abrir y cerrar de ojos. La ciudad parecía haberse enterado de golpe, y todos querían estar ahí: diseñadores, influencers, empresarios, y pura gente importante.
Aunque sólo podían asistir con invitación.
Nicolás invitó a tanta gente que el salón de eventos, elegante y modesto, empezó a parecer una caja de zapatos con luces.
Los mesoneros apenas podían moverse entre los grupos, las copas tintineaban sin descanso, y el aire acondicionado luchaba por man