Helena estaba sentada en la sala de su hogar, con las piernas cruzadas sobre el sofá y el control de la televisión en su mano. Cambiaba de canal sin encontrar algo bueno que ver.
—Hija, ¿cuándo pretendes casarte con Nicolás? —preguntó su madre desde la cocina, lavaba los platos sucios—. Pienso que fueron hechos el uno para el otro. Deberían pensar en ir más allá.
La castaña se quedó quieta y el control se le cayó de las manos. Hizo un sonido brusco al chocar contra el suelo.
Helena se había