Helena, Karen y Maikol estaban almorzando en la cafetería de la empresa, sentados en una mesa junto a los ventanales que dejaban entrar la luz suave del mediodía.
El ambiente era relajado, con el murmullo constante de otros empleados y el aroma a café mezclado con especias que flotaba en el aire.
—Chicas, creo que me enamoré a primera vista —compartió Maikol, avergonzado—. No saben el click que sentí en mi corazón.
—Maikol, me has dicho eso tres veces —Helena rodó los ojos, divertida—. Y eso