Helena afinaba los últimos detalles de la nueva colección. Estaba concentrada en el papel, y su lápiz se movía con lentitud, trazando líneas perfectas.
—Lo siento, Helena, no puedo dejar de pensar en él —resopló Maikol, apoyándose en la pared—. Es la primera vez que tengo un crush por un japonés. Me siento en las nubes.
Helena rio, porque las ocurrencias de Maikol eran cada vez mayores. ¿Cómo se iba a enamorar a primera vista de un hombre que recién conoció?
Sólo él hacía eso.
—Bueno, ¿por