Paul regresó a la empresa y vio que había un hombre en la recepción gritándole a Karen. Se escondió detrás de un pilar para escuchar la conversación sin ser detectado. Creyó que tal vez era su novio.
—¡Hay que ver que eres una inútil! Ni para responderme sirves —exclamó Orlando, con la mano en el mesón.
Karen salió de la recepción entre lágrimas, con la garganta apretada y el corazón hecho un nudo. Necesitaba aire, espacio, claridad. Pero sobre todo, necesitaba hablar con Orlando sin el ruid