Días después, Helena se encontraba sentada en su oficina con Maikol. Dibujaba unos bocetos sin sentido para practicar. Ninguno tenía propósito, sólo ajustaba su pulso e inventaba vestidos raros.
Maikol no paraba de hablar de sus ligues, a ella no le importaba. Lo consideraba una buena compañía en sus tardes aburridas.
—Ya tengo varios, no me decido por uno. Es que como tal, tampoco planeo tener una relación seria con alguno de ellos —explicó, caminando de un lado a otro—. ¿Tú qué opinas de es