La noche azotaba la ciudad con ráfagas de viento y un silencio espeso. Nicolás, impulsado por el hambre y la necesidad de despejarse, decidió salir de su departamento para comprar una pizza.
Por suerte, había un pequeño local justo al lado del edificio, iluminado con un neón parpadeante que rompía la oscuridad.
—¿Qué desea ordenar?
—Una pizza de pepperoni, por favor —pagó.
Había bastante gente, por lo que tuvo que esperar sentado en una mesa al aire libre.
En ese momento, un maullido suave