Un mes después…
—¡No puede ser! —exclamó.
Nicole salió del cubículo del baño de la empresa con el rostro pálido, los ojos brillantes y el corazón acelerado. Sus manos temblaban por lo que acababa de ver. Emma, que la esperaba justo afuera, se enderezó al verla.
—¿Y bien? —preguntó, con las cejas hundidas—. ¿Qué dice? ¿Cuál fue el resultado?
Nicole no respondió. Ella alzó la mano, mostrando el test de embarazo. Dos líneas, claras e innegables.
Emma se quedó sin aliento. Sus ojos se abrieron co