Un mes después…
—¡No puede ser! —exclamó.
Nicole salió del cubículo del baño de la empresa con el rostro pálido, los ojos brillantes y el corazón acelerado. Sus manos temblaban por lo que acababa de ver. Emma, que la esperaba justo afuera, se enderezó al verla.
—¿Y bien? —preguntó, con las cejas hundidas—. ¿Qué dice? ¿Cuál fue el resultado?
Nicole no respondió. Ella alzó la mano, mostrando el test de embarazo. Dos líneas, claras e innegables.
Emma se quedó sin aliento. Sus ojos se abrieron como platos, buscando en el rostro de su amiga alguna señal de alivio, de miedo, o algo, no sabía cómo reaccionar.
—Es positivo —susurró Nicole.
El mundo pareció detenerse por un instante. Emma notó que su amiga frunció el ceño, y supo que estaba asustada, así que decidió celebrar por ella y animarla.
—¡Voy a ser tía! —gritó, dando un saltito y abrazando a Nicole con fuerza—. Definitivamente, seré la mejor tía del mundo, lo prometo.
—N-no saltes de alegría, por favor… —pidió Nicole, sin saber q