Era domingo. Emma llegó al parque de diversiones junto a su prima, con el corazón latiendo un poco más rápido de lo normal. El sol brillaba alto, y las risas de los niños se mezclaban con el chirrido de las ruedas mecánicas.
Sus ojos recorrían el lugar con ansiedad, buscando una silueta familiar entre la multitud.
—¿Dónde se habrá metido? Me dijo que ya estaba aquí —bufó.
—Prima, creo que deberías haber venido sola —comentó Aurora, frunciendo el ceño—. Te agradezco la invitación, pero está clarísimo que ese chico te invitó a una cita.
Emma la miró de reojo.
—¡Ya te conté lo que pasó! No puedo quedarme sola con él… —exclamó, con horror en los ojos—. Es vergonzoso. No lo entiendes porque no te ha pasado. Thiago pensará que soy una tonta obsesionada con su ex.
—Noah no fue tu novio.
—¡Lo sé! Lo que trato de decir es que… —Tomó una pausa, cabizbaja—. Soy una vergüenza.
—No te trates así, Emma. Lo único que hiciste fue enamorarte del hombre equivocado —resopló Aurora—. ¿Has pensad