—¡No digas nada, por favor! —pidió Nicole, estaba que moría de la vergüenza—. Simplemente me…
Haru sonrió. Nicole, sonrojada y balbuceando, le parecía tan tierna que no pudo evitar atraerla de nuevo hacia su cuerpo.
Esta vez, el beso fue más profundo, más íntimo para ambos. Haru buscó sus labios con una mezcla de timidez y deseo, y cuando el contacto se intensificó al meter su lengua, Nicole sintió un cosquilleo recorrerle todo el cuerpo, como si algo dentro de ella despertara.
Cuando Haru