—¡No digas nada, por favor! —pidió Nicole, estaba que moría de la vergüenza—. Simplemente me…
Haru sonrió. Nicole, sonrojada y balbuceando, le parecía tan tierna que no pudo evitar atraerla de nuevo hacia su cuerpo.
Esta vez, el beso fue más profundo, más íntimo para ambos. Haru buscó sus labios con una mezcla de timidez y deseo, y cuando el contacto se intensificó al meter su lengua, Nicole sintió un cosquilleo recorrerle todo el cuerpo, como si algo dentro de ella despertara.
Cuando Haru se separó, ella se cubrió la boca, atónita, con el corazón hecho un desastre y las mejillas ardiendo.
—¿Qué pasa? ¿No te gustó? —preguntó al ver su reacción.
Nicole estaba que explotaba. Su cuerpo, pecho y rostro estaban muy calientes. Era una nueva sensación. Se sentía asfixiada con sus propias emociones.
—¿M-me excité con un beso? —susurró para sí misma, confundida.
—¿Qué dijiste?
Nicole se percató de que hablaba en voz alta. Quiso que se la tragara la tierra.
—¡No es nada! No pensé que j