Después de tantas vueltas, risas y empujones estratégicos, Aurora y Josh habían logrado su cometido; Thiago y Emma habían compartido cada atracción.
Ahora, los cuatro caminaban entre la multitud, rodeados de luces y el aroma dulce de los puestos de comida. Decidieron que la rueda de la fortuna sería la última parada.
Emma iba al lado de Thiago, tan cerca que sus brazos se rozaban de vez en cuando. Cada contacto accidental les aceleraba el corazón a ambos.
Aurora, unos pasos más atrás, intercambió una mirada cómplice con Josh.
—Supongo que también fuiste arrastrada sin querer a esta cita —habló Josh, rompiendo el silencio entre ellos—. Ellos dos debieron estar solos. Sin nosotros.
Aurora lo miró de reojo, con ambas manos detrás de la espalda.
—Así es. No tenemos que estar aquí… —murmuró—. ¿Thiago te trajo por mí?
—Sí. Thiago llegó a la conclusión de que Emma no quería estar sola con él, por eso te invitó a ti —respondió.
Aurora rio, porque le atinó fácilmente a la realidad.