Faltaba un día para la gala más esperada del año. Los noticieros no dejaban de hablar de Nicole, la diseñadora que podía revolucionar la industria… o estrellarse en vivo.
Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Cassandra caminaba por los pasillos de su empresa como una tormenta. Su postura era impecable y tenía el ceño fruncido. A su lado, su asistente intentaba seguirle el ritmo con una tablet en mano y la voz temblorosa.
—M-mi señora, ¿qué es lo que piensa hacer ahora? —comentó Alberto,