Nicolás estaba sentado en su oficina con los ojos fijos en la pantalla mientras sus dedos se movían con agilidad sobre el teclado. El videojuego de pelea lo tenía concentrado.
Odiaba admitirlo, pero últimamente pensaba cada vez más en la jubilación.
En dejar atrás los horarios, las reuniones y responsabilidades. Simplemente quería pasar el resto de sus días junto a su esposa.
Entonces, alguien tocó la puerta, devolviéndolo a la realidad.
—Sin cita previa no puedes entrar —dijo, sin apartar d