Noah estaba terminando de atender a su último paciente en el hospital. El reloj marcaba el final de su turno, y el cansancio se le notaba en los hombros.
Guardó sus instrumentos con precisión, cerró la carpeta de seguimiento y se levantó, dispuesto a marcharse.
Justo cuando cruzaba la puerta, la enfermera que siempre lo ayudaba se tropezó frente a él. Un par de frascos de plástico rodaron por el suelo, rebotando contra las baldosas con un sonido hueco.
—¡Ay! —exclamó Isabela, cayendo de rodil