Bruno estaba tan arrepentido de haber perdido a Nicole que su rostro lo decía todo. Había perdido más de lo que imaginaba. Su esposa, Daniela, lo había dejado el mismo día de descubrir la verdad.
Por culpa de su inmadurez, de su cobardía, Daniela sufrió un aborto espontáneo. Las emociones fueron demasiado intensas y el estrés insoportable. Bruno sabía que era su culpa.
Desde entonces, Daniela no quería ni verlo en pintura.
Ahora estaba frente a Nicole, con el corazón hecho trizas y la esperanza colgando de un hilo.
—Necesito que hablemos, Nicole —dijo, con la voz ronca.
—¿Quién te dejó entrar? ¿Es que los de seguridad no están pendientes? —cuestionó Emma.
Aborrecía a ese tipo por el daño que le hizo a su mejor amiga. Era un infiel, mentiroso y un manipulador estrella.
—Todavía no les he dicho que terminé con Bruno —suspiró Nicole, se sostuvo la sien—. No imaginé que vendría.
Bruno se arrodilló, con los ojos llenos de súplica. El suelo frío no le importaba. Nada le importaba, sa