Noah estaba frente a Nicole, protegiéndola de ese tipo que le daba celos cuando eran niños. Haru lo miraba con calma, misma calma que lo irritaba en el pasado.
Nicole, aún mareada, se apoyó en la pared, sin saber si intervenir.
—No le estoy haciendo nada malo —declaró Haru—. Vine a ayudarla.
—No voy a dejar que otro imbécil le haga daño a mi hermana —dijo, con las cejas inclinadas—. Así que te aconsejo que te alejes de ella.
Haru y Noah tuvieron una guerra de miradas que incomodó a Nicole. Estaban atrapados en un duelo silencioso que ninguno estaba dispuesto a perder.
—¡Chicos, basta! —intervino Nicole—. Voy al baño ahora, no quiero que se peleen.
Acto seguido, se encerró en el baño, apoyada del lavamanos. Su corazón no dejaba de latir con fuerza. ¿Por qué Haru insistía en acercarse a ella? ¿Y por qué vagos recuerdos de esa supuesta promesa llegaban a su mente?
La cabeza le empezaba a doler de tanto indagar. Nicole estaba muy confundida. El alcohol le pegó demasiado