Bruno se sostuvo la mejilla, en shock, con la vista nublada por el impacto. Parpadeó varias veces, tratando de enfocar la visión.
No tenía idea de quién era ese tipo ni por qué lo había golpeado.
—¡¿Qué demonios?! —exclamó—. ¡¿Estás loco?!
—¡Cariño! —gritó Daniela—. ¿Estás bien?
Ella se agachó a su lado, alarmada, mientras Haru lo miraba con desprecio. Un hombre como él no merecía ni tener esposa. Era obvio que estaba jugando con dos corazones sin remordimientos.
—Cobarde —soltó, negando con la cabeza—. ¿Cómo puedes tratar así a dos personas que no se lo merecen?
Haru vio a Daniela con lástima. Se notaba que lo amaba y no tenía idea del hombre que tenía al lado. Ninguna de las dos merecía eso.
—¿Es que te sientes superior al hacerlo? —añadió, cruzado de brazos.
Bruno se levantó con dificultad, dispuesto a defenderse de ese tipo que no conocía.
—¿A qué te refieres? —inquirió, tocando su mejilla roja—. ¡Estás loco! Ni siquiera te conozco y empiezas a decir disparates.
—Bu