Bruno se sostuvo la mejilla, en shock, con la vista nublada por el impacto. Parpadeó varias veces, tratando de enfocar la visión.
No tenía idea de quién era ese tipo ni por qué lo había golpeado.
—¡¿Qué demonios?! —exclamó—. ¡¿Estás loco?!
—¡Cariño! —gritó Daniela—. ¿Estás bien?
Ella se agachó a su lado, alarmada, mientras Haru lo miraba con desprecio. Un hombre como él no merecía ni tener esposa. Era obvio que estaba jugando con dos corazones sin remordimientos.
—Cobarde —soltó, negan