Al día siguiente, Helena estaba en su oficina terminando unos detalles del primer diseño. Cada trazo era atractivo para sus ojos, y no dejaba de sonreír porque sabía que a la gente le iba a encantar tanto como a ella.
Kaito la miraba con intriga. Admiraba la concentración que llegaba a tener, como si todo lo demás no existiera. Cuando Helena soltó el lápiz, él se sintió seguro al hablar.
—¿Estás segura de que te gustó mi idea? Eso de agregarle naranja como color principal.
Helena sonrió, vie