Diana estaba sentada en una mesa del restaurante Tina’s, con los dedos entrelazados sobre el mantel y la mirada fija en la entrada. Luca no tardó en llegar. Se deslizó hasta su asiento con esa seguridad que siempre la incomodaba, y antes de decir una palabra, la analizó.
Llevaba puestos unos lentes de sol oscuros y una capucha que le cubría todo el cabello, como si quisiera pasar desapercibida otra vez…
Luca solo sonrió de lado.
—No soporto que me mires así —bufó Diana, rodando los ojos—. ¿Ser