Helena estaba en la oficina de Nicolás, sentada en el sofá junto a la ventana, con una manta gris envolviéndole los hombros como un escudo contra el temblor que aún no se le iba del cuerpo.
Sostenía una taza de chocolate caliente entre las manos, y el vapor que subía en espirales parecía lo único que la mantenía conectada a ese momento.
Nicolás estaba hablando por teléfono, caminando de un lado a otro.
—Necesito que presenten a Vanessa ante la policía cuanto antes. Iré en camino para levan