Maikol se dejaba llevar por la música, tenía los ojos entrecerrados, como si el mundo se hubiera reducido a ese instante compartido con Kaito.
El vals era lento, envolvente, y cada giro parecía sincronizarse con algo más profundo que el ritmo, una ligera confianza que crecía entre ellos.
Kaito lo miraba con una sonrisa tranquila, haciendo que su corazón latiera muy fuerte por los sentimientos encontrados.
—¿Qué tal lo estás pasando esta noche? —preguntó Maikol, rompiendo el dulce silenc