Capítulo 198: La Mortaja de Plata
La mano fría sobre su pecho no era el toque firme y cálido que Astraea recordaba de Valerius. Esta presión era mecánica, carente de pulso, una invasión que se sentía como si el invierno mismo intentara reclamar el calor de su corazón. Al cruzar el umbral de la torre, el aroma a lavanda y romero fue brutalmente sofocado por un olor metálico y antiguo, similar al de las monedas de plata que se han pasado de mano en mano durante siglos. Astraea, aún herida por las