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Capitulo 3: Demasiado débil para ellos

El rechazo todavía flotaba en el aire cuando Selene sintió que el mundo comenzaba a inclinarse.

No fue inmediato. El dolor no llegó como un golpe, sino como una grieta que se abrió lentamente en su pecho.

—Entonces lo rechazo.

Las palabras de Darian seguían resonando, claras, firmes… definitivas.

Por un segundo, nadie habló. Luego, el murmullo explotó.

—¿Eso era todo?

—¿Esa cosa era su compañera?

—Qué humillación para la manada.

—Con todas las lobas fuertes y hermosas en la manada, ¿la diosa nos da eso como Luna?

Selene intentó respirar, pero el aire parecía no llegar a sus pulmones. El calor que había sentido antes se volvió ardor, un fuego que le quemaba desde adentro, como si algo invisible estuviera siendo arrancado de raíz.

—Mírenla —se burló una voz femenina—. Ni siquiera puede sostenerse en pie.

Selene temblaba. Sus manos se aferraron al suelo de piedra, buscando un apoyo que no encontraba.

—Siempre supe que estaba rota —dijo otro—. Esto solo lo confirma.

Las risas fueron más fuertes ahora. Más seguras.

—¿De verdad alguien pensó que el hijo del alfa iba a aceptar a una sirvienta defectuosa?

—Ni siquiera puede transformarse.

—Ni siquiera parece una loba.

Selene levantó la vista apenas un instante, desorientada, buscando algo… a alguien.

Sus ojos se cruzaron de nuevo con los de Darian. Él ya no dudaba, la batalla en su cabeza ya habia desaparecido y solo tenia que ponerlo en palabras. La miraba como si ella fuera un error vergonzoso que debía ser borrado. Como si el simple hecho de haber sido vinculados lo ensuciara.

—Sáquenla de aquí —dijo alguien—. Arruina el banquete. 

El comentario arrancó más risas. 

Selene sintió un nudo en la garganta. Intentó hablar, pero no salió ningún sonido. Su cuerpo no respondía. Sus piernas temblaban de forma incontrolable. 

Mi loba

pensó, desesperada, con la minima esperanza de tener un poco de apoyo. No hubo respuesta.

—Ni siquiera su lobo la quiere —se burló uno de los jóvenes—. Por eso no puede transformarse.

El salón entero parecía cerrarse sobre ella. El alfa se levantó lentamente de su asiento. Su expresión no mostraba sorpresa ni enojo. Solo fastidio. 

—Basta —ordenó, pero su tono no tenía compasión—. Esto ya fue suficiente.

Selene sintió un alivio fugaz, pensando, que quizas el enojo, no era hacia ella, pero esa sensacion, solo duro un fugaz instante.

—Llévensela —continuó—. No quiero verla aquí. Es una distracción.

Dos guardias avanzaron. Selene trató de incorporarse por sí misma, de no darles el gusto de arrastrarla, pero el dolor en su pecho se intensificó de golpe. Un latigazo interno la atravesó y sus fuerzas la abandonaron por completo, volviendo a caer al suelo.

—¿Eso fue todo? —rió alguien—. Tan débil que ni siquiera pudo soportar el rechazo.

—Patética.

—Defectuosa.

Las voces se mezclaron en un zumbido cruel. Los guardias la tomaron de los brazos sin cuidado, levantándola como si no pesara nada. Sus pies arrastraron sobre el piso mientras la llevaban hacia la salida.

Selene ya no podía enfocar bien la vista. Entre manchas borrosas, vio a Darian una última vez. No había triunfo en su rostro. Tampoco compasión. Solo una sombra de algo tenso, incómodo… que no hizo nada por detener lo que estaba ocurriendo.

El dolor fue demasiado, tan fuerte que lo único que pudo apagarlo fue la oscuridad que la envolvió por completo.

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