Melissa desvió la mirada sintiendo vergüenza y repulsión al recordar aquel momento en el sofá. Si Gregorio no hubiera aparecido....
–¡Respóndeme! ¿Él te tocó?– Gregorio levantó el rostro de Melissa por el mentón de forma delicada a pesar de su irritación contenida.
–¡No! Él... Él no me tocó–
Gregorio volvió a mirar las marcas en su cuello y frunció el ceño con disgusto.
–¿y qué marcas son esas?–
Melissa rápidamente cubrió su cuello con la mano, quedando aún más avergonzada.
–Él solo... Me besó–