En los días siguientes, los dos se volvieron más fríos y distantes el uno con el otro. Gregorio salía temprano de casa y regresaba tarde, no comían juntos, y uno evitaba al otro. No por odio, sino por miedo a involucrarse y volverse dependientes de esos sentimientos, atrapados el uno al otro en una relación que no tendría ningún futuro.
Y fue así hasta el día de la fiesta de compromiso, que pronto llegó.
Melissa estaba en su habitación siendo arreglada por Vítor, mientras se miraba en el espejo