Alexander frunció el ceño; Valentina estaba alterada cuando la encontró, pero de ahí a golpear a alguien era otra cosa.
–¿Qué?–preguntó incrédulo.
–Oí que se abría la puerta y corrí pensando que eras tú. Me presenté e intenté ser amable y mostrar que no era una amenaza para ella, pero perdió el control, se volvió loca y empezó a golpearme mientras me arrastraba fuera del apartamento y me arrancaba el cabello. Alexander, ¡esa mujer está loca y fuera de control!–
–No, no, espera. ¿Quieres decir q